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Está ampliamente demostrado que el estrés hace estragos irreparables en el cerebro, así como también resultan letales el aburrimiento sostenido y la tristeza. Estas variables provocan cambios muy desfavorables en la estructura anatómica del cerebro, promoviendo literalmente y de forma muy dramática un encogimiento y disminución en el volumen de la corteza cerebral, responsable de las funciones intelectuales y regulación del estado anímico.
El entrenamiento hace posible la regulación de los sistemas emocionales y mejora de la calidad de vida, ya que permite aprender cómo optimizar los procesos de regulación neurofisiológica. El participante aprende a mejorar su salud utilizando las señales que surgen de su cuerpo y en poco tiempo controla sus respuestas autonómicas, ya que puede visualizar con detalle los efectos de lo físico en sus estados de ánimo y las repercusiones de los pensamientos, emociones y preocupaciones en su salud.
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